Fenómenos como la pandemia de la fiebre porcina desatada hace sólo unos días en México hacen aflorar la irracionalidad del ser humano.
Unos cuantos días, han sido más que suficientes para ver como las emociones y sentimientos se desatan sin control y como las actitudes se van a los extremos. En estos días hemos visto como las reacciones se polarizan; unos caen en el miedo exagerado e incontrolable, otros en la incredulidad ante las afirmaciones de autoridades y científicos expertos (dan màs crédito al chisme y el rumor); otros tantos en la negación de los hechos (creen que por negar las cosas estas desaparecen); pocos, los menos, asumen actitudes racionales, objetivas, lògicas y coherentes. Ante tales posiciones es difícil poder persuadir y convencer a la gente para que siga ciertos patrones e conducta que protejan su salud y prevengan contra un eventual contagio. Cuando el miedo domina, cuando no hay autoridad a la que se le atribuya un mìnimo de credibilidad, cuando se cierran los ojos y el entendimiento y no se quiere ver la realidad, las posibilidades de generar tranquilidad y objetividad se reducen al mínimo y la situación se vuelve inmanejable. Por ello, es necesario la participación de los expertos en conducta humana, los psicólogos, psicólogos sociales o sociólogos, como elementos cuadyuvantes para mantener la calma, la objetividad, la racionalidad frente a la situación que toca afrontar. Uno se pregunta, ¿dónde están ahora esos expertos que deberían estar trabajando en los medios de comunicación ayudando a mantener bajo control la situación? Creemos que no basta que medicos, farmacobiólogos y expertos en salud hablen ante los medios a la opinión pública. Los científicos sociales debieran estar tambien presentes en los medios asesorando a los comunicadores y periodistas.También hablando al público que busca en los medios información y orientación sobre qué hacer. Para el neófito, que es la mayoría de la población, los datos técnicos y estadísticos sobre la pandemia puede que no le digan aboslutamente nada. La sobreinformación por parte de de periodistas y comunicadores puede que sea cotraproducente y acabe generando pánico. Lo que see requiere es una comunicación en tiempo y forma; ni desinformar ni sobreinformar: ni ocultar ni exagerar, pero sobre todo privoilegiar la veracidad con informaciones comprobables y verificables. Desafortunadamente muchos "profesionales" de la información no entinden esto y, o proyectan en sus comunicaciones, opiniones y comentarios sus propios miedos y temores o, como se dice en el argot político, tratan de llevar agua a su molino con tal de ganar el famoso raiting (amarillismo). Tan mala una como otra actitud. Ante una sociedad tan suceptible a caer en el pánico y la irracionalidad a la menor provocación, es necesario que las autoridades, los medios de comunicación, los informadores y periodistas, asì como los expertos en la conducta humana (individual o colectiva) asuman su responsabilidad social y política de promover la sensatez y la madurez en la ciudadanìa. Esto es tan importante como seguir orientandola para tomar todas las precauciones preventivas necesarias, o para llevar a cabo las acciones inmediatas pertinentes en caso de aparezcan los signos de la enfermedad por contagio. En estos momentos, los científicos sociales tienen mucho que hacer para mantener bajo control la situación y evitar que la pandemia de la influenza porcina se siga expandiendo decontroladamente.
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