El día de ayer, Patricia Espinoza, Secretaria de Relaciones Exteriores, criticó las medidas dsicriminatorias que en contra de México llevaron a cabo por países "hermanos" como lo son Argentina, Cuba, Ecuador y Perú, al suspender unilateralmente vuelos a nuestro país, justificandose en el temor existente en aquellos paises de que la "nueva gripe" se propague. De igal manera la Secretaria de Relaciones exteriores rechazó las medidas de aisalmiento adopatadas por China contra ciudadanos mexicanos que acababan de viajar a aquella nación. Y por si esos no fuera suficiente, se quejó de que Colombia no aceptara que los dos equipos mexicanos que participan en la copa Libertadores jugaran sus partidos como locales en aquel país sudamericano. L aacanciller mexicana argumentó que, 2no hay justificación alguna para violentar los derechos de ciudadano alguno ni para adoptar medidas sin base científica ni de salud pública.
Ciertamente la Secretaria de Relaciones Exteriores tiene razón. El problema está en que México muchas veces ha incurrido en ese tipo de acciones del todo cuestionables desde el punto de vista de la razón y de las buenas relaciones internacionales, sin ir más lejos, tenemos el ejemplo del trato que se da a los "hermanos centro americanos, o el que se dió historicamente a los chinos que deseaban establecerse en suelo nacional (siglo xix a la fecha). Pero aun más importante, es tener en cuenta que en estos momentos de crispación nerviosa, la hipersensibilidad mexicana (ya endémica) se ve aun más acentuada ante cualquier cosa que pueda ser considerada como un ataque, o un desprecio, o una ofensa a nuestra nación. Es más bien el momento de calmar los ánimos y tomar la bandera de la razón, para hacer entender a aquellos que se dejan llevar por sus sentimientos y emociones irracionales, que los mexicanos no inventamos ese virus ni nos interesa propagarlo por el continente o el resto del mundo. Y que poco o nada se gana por tomar medidas fundamentadas en la desinformación, la mala información, y el miedo llevado al exteremo del pánico. Como es el caso de Egipto, donde sin tener todavìa datos suificientes y corroborados científicamente, se decidió enviar al matadero a más de 230 mil cabezas de cerdo. O en la ciudadad de Bagdad en que se tomó la medida de matar unos jabalies ya que se temìa que fueran a infectar de este nuevo virus a su población, cuando no hay dato alguno que relacione a esa especie animal con el hombre y el virus.
Todo esto nos lleva a la conclusión que el problema no es la nacionalidad ni la región del mundo a la que pertenecemos, la raza o la clase social; nuetstra profesión u oficio, o el ámbito económico en que nos movemos, sino el miedo y la desinformación combinadas, máxime cuando toman por asalto a la razón, la sensatez y la cordura.
Ciertamente no nos gustan los ataques a nuestros conciudadanos ni dentro ni fuera del país, pero más lograremos poniendo nuestra atención, nuestra ciencia y nuestro trabajo, en controlar la pandemia y reestablecer condiciones que hagan posible la reactivacion de la vida política, económica y sociocultural. Y no menos importante, en controlar esos excesos de hipersensibilidad tan propios de nosotros que nos lastiman y hieren aun màs que las verdaderas ofensas y ataques (si es que realmente lo son).
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