"Pero el principal aspecto del budismo consiste en que cada individuo posee esa naturaleza budista: el potencial de llegar a ser buda, la capacidad de desarrollarse en un ser humano completo."
James Fadiman y Robert Frager
Cuando hemos estado haciendo una defensa de la libertad individual hemos tenido en mente el ideal de que cada ser humano desarrolle todas sus potencialidades intelectuales, morales y corporales; todas sus habilidades y capacidades. Esto, claro, dento de los límites que la existencia en este mundo permite. Pero no le pedimos al ser humano que sea más que esto, un hombre. Como el Buda (el que sabe), no pretendemos ser más que hombres, "... cuya realización, alcances y logros fueran el resultado de sus capacidades puramente humanas" (Fadiman y Frager 1979, p. 383). En nuestra propuesta liberal, pensamos que el ser humano, cada ser humano debe tener las oportunidades reales y concretas para desarrollarse por sí mismo, dándole también la libertad de elegir el camino que màs convenga a sus intereses y deseos. No pretendemos que alguien le diga cuales son las metas que debe lograr sino solamente indicarle el camino y darle los elementos que le permitan avanzar por sí solo. Cada uno debe autogobernarse y autodirigirse pues no hay ni un sólo camino ni una sola meta.
En términos del trabajo intelectual esto significa que el mejor homenaje que le podemos rendir al buda y a nuestros antecesores, no es volvernos seguidores y fanàticos de tal o cual persona, asumiendo dogmáticamente su filosofía o ideología como si fuese verdad absoluta. Sino que reconociendo el valor de sus obra, de sus pensamientos, de sus opiniones y sus dichos, seamos capaces de pensar por nosotros mismos. Ya que reconocemos su inteligencia y el valor de su obra, hagamos nosotros lo propio, con un trabajo continuo, sistemàtico, reflexivo crítico y creativo. Como trabajadores intelctuales hagamos el esfuerzo de volvernos budas, es decir, "los que saben", o como los indígenas mal llamados otomies, los Nian Nyu, dècían de sí mismos, seamos, "los que tienen la palabra" o "al que hablaba la lengua" porque para el intelectual, como para el Nian Nyu, "el lenguaje es su bien más preciado" (Benítez, F. I99I, P, 38)
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