lunes, 18 de mayo de 2009
"En su lecho de muerte, un rabino se ve a sí mismo como perdedor y se lamenta d que, en el otro mundo, no le preguntarán por qué no fue Moisés, sino por qué no fue él mismo; es decir, por qué no fue auténtico."
Antiguo cuento judío

Cuando nos referimos a la libertad del individuo, uno de los aspectos que más nos importa resaltar es la autenticidad del mismo. A que sea él mismo. Desafortunadamente el día de hoy, en nuestra sociedad, seguimos encontrando que la gente idoliza a otra gente y desea ser como ellos; es decir, actuar, pensar, sentir, vestir, peinarse o comer como ellos. Lo vemos aun entre los intelectuales, los científicos y los artistas. Nada más lejano a los ideales del liberalismo y de muchos de sus autores. Especialmente de John Stuart Mill a quién ya nos hemos referido anteriormente. El amaba la originalidad y la diferenciación hasta el límite de la extravagancia. Este hecho, el querer ser como otros, desafortunadamente está muy difundido entre los individuos de nuestra sociedad, en gran parte debido a la influencia de  los medios de comunicación, a la manera en que hemo sido socializados y a una educación formal masificada en las que las diferencias no sólo son mal vistas sino hasta combatidas. Pero igual cosa sucede con nuestra sociedad en conjunto, que desde la època de la colonia ha querdio ser como fueron sus conquistadores y colonizadores. Y cuando la independencia llegó busco igualmente un nuevo modelo al cual referirse e imitar. Para los liberales Estados Unidos se convirtió en ese modelo; para los conservadores, la vieja madre patria, España, pero no la España real, sino la de sus fantasías e imaginerías. Para otros, que odiaban lo gachupín y lo gringo el modelo fue Francia. Entrado el siglo XX, para los nuevos socialistas y comunsitas, la Unión Soviética o Cuba fueron los modelos a seguir. La consecuencia de todo eso la conocemos: continuos fracasos, proyectos irrealizables porque chocan con la realidad; planes que se quedan a medias, porque con la moda llegan otros que, ahora sí, son los buenos, etc. Lo que no ha sucedido, desde entonces, ha sido volver la mirada para averiguar quienes somos y quienes podemos llega a ser, a partir de nuestra historia y nuestro presente, proyectados hacia el futuro. Falta ese pensamiento crítico y a la vez propositivo que construya la nueva utopía nacional.
El problema de la identidad planteado por el rabino, es pues, tanto un problema de los individuos como de la sociedad. Y tal vez esa falta de identificación con nosotros mismos, que tanto nos cuesta o que de plano evitamos, sea el problema de base por el cual, a pesar de ya casí 200 años de independencia, seguimos siendo, en el mejor de los casos, un país en vías de desarrollo, cualquier cosa que eso signifique. Es un problema filosófico y cultural, y por lo mismo, algo que muchos desdeñan sin mas, pero es un problema vital en el que si lo pensamos con detenimiento, nos va de por medio la vida como personas y como colectividad. Ya sea que lo consideremos desde le punto de vista individual, o desde la perspectiva social, el tema de la identidad es fundamental para llevar una vida sana , productiva y con sentido. Vale tanto para el individuo como para grupos y organizaciones, y la sociedad en su conjunto.
Sólo quien sabe quien es, puede decidir que quiere y establecer hacia donde dirigirse, o sea, puede autogobernarse. Asumamos responsablemente la tarea de conocernos como individuos, como sociedad y cultura, pués solo en ese conocimiento encontraremos la base firme y sólida  que nos permita construir nuestas vidas y autoproducir la sociedad. 

Tags: Libertad, identidad, individuo, sociedad, colectividad

Publicado por pedro_aureo @ 14:47
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