jueves, 04 de junio de 2009
La llegada de Carlos Mauricio Funes Cartagena a la prsidencia de la República del Salvador y la resolución de la Organización de Estados Américanos en favor de derogar el decreto por el cual Cuba quedaba excluída de la organización continental, no son hechos fortuitos, sino parte de una tendencia que recorre nuestra América de extremo a extremo. Tendencia que es portadora de esperanza de que tiempos mejores han de venir para el continente. La izquierda gobierna ahora en Brasil, Bolivia, Chile, Cuba, Ecuador, El Salvador, Honduras, Uruguay entre otros, y aunque con grandes diferencias entre un caso y el otro, debido a las características propias de cada nación y de su historia particular, incluso de la biografía de cada izquierda local, hay en común ese deseo de combatir a fondo esas lacerantes diferencias políticas, económicas, sociales y culturales, que las derechas no pudieron o no quisieron solucionar. Y ciertamente la izquierda tiene la obligación moral y el deber histórico de hacer todo lo posible, dentro de los que las condiciones objetivas y concretas actuales permitan, para, por lo menos, reducir esas brutales diferencias que han colocado a una pequeña capa social en una situacion de privilegio indebido éticamente y muchas veces claramente ilegal, mientras la mayoría carece de  lo mínimo para sobrevivir satisfactoriamente y con la dignidad que les corresponde como seres humanos. Tenemos que apoyar a esa izquierda que ha logrado acceder al poder gracias al voto esperanzado de millones de ciudadanos, pero de igual manera, debemos exigirle con firmeza, que trabaje intensamente para solucionar los graves problemas que lastiman a todo el continente. Sería verdaderamente doloroso y catastrófico que la izquierda desperdiciara la gran oportunidad histórica de actuar de manera trascendente que se le presenta actualmente. En base a los más preciados valores éticos que han enriquecido el pensamiento de izquierda hay que actuar en favor de las grandes mayorías para construir sociedades mas igualitarias, libres y equitativas, donde la democracia, el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de individuos, colectividades y pueblos sea respetada. Donde no falte educación, servicios de salud, seguridad social y pública, ni trabajo, ni un salario digno. Y como dijo el presidente salvadoreño probar al mundo que la izquierda lejos, muy lejos de ser una amenaza para los pueblos, ofrece un camino nuevo y seguro, esperanzador, para la sociedad. 
Para el caso particular de Cuba y Venezuela el reto fundamental es dejar de lado los esquemas autoritarios y dictatoriales  y todo aquello que tienda a bloquear la libertad, la justicia, la democracia. No basta que la población tenga qué comer y qué vestir, no es suficiente que haya trabajo seguro y salario suficiente, pués eso sería estar en la jaula de oro y nada más. Uno de los anhelos más profundos e íntimos de personas y pueblos es la libertad y con ello el respeto a la diversidad y la diferencia, a los que hay que adicionar la  dignidad como individuos o pueblos. Los más nobles deseos y metas de la izquierda no pueden establecerse mediante procedimientos que atenten contra personas o colectividades, no es pues con medidas reperesivas y antidemocraticas como la izquierda pueda llegar a construir las sociedades democráticas y libres.

Tags: Tendencia, izquierda, obligación moral, deber histórico, valores, libertad, equidad

Publicado por pedro_aureo @ 10:57
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