Falta menos de u mes para el próximo proceso electoral en México. Se trata de las llamadas elecciones intermedias en que se renovarán diputaciones federales y locales, alcaldías municipales y la gobernatura del estado de Nuevo León. Frente a este evento electoral se han definido ya tres posturas muy claras: la primera sostenida por quienes están convencidos que la mejor opción es participar en el proceso electoral quedando unicamente por decidir por qué candidatos se emitirá el voto. Un segundo grupo llama también a ir a las urnas pero con el fin de anular el voto y evitar así que las boletas puedan ser usadas fraudalentamente; también con el fin de demostrar a la clase política el repudio a sus actitudes y pobre desempeño en ele ejercicio del poder. Finalmente, un tercer grupo promueve la abstención en el proceso electoral. Si para los primeros hay que ir a votar sin duda alguna, aunque se haga en favor de los menos malos de los candidatos en competencia, pues con ellos se sigue consolidando la democracia política, para los últimos la abstención parece buscar poner en duda la viablilidad de un régimen democrático que finalmente no se desea.
Si nos fundamentamos en los resultados de la última encuesta hecha por la Secretaría de Gobernación, que dice que alrededor del 65% de la población en edad de participar en procesos electorales se inclina por el régimen democrático, aunque rechaza en muy alta proporción a la clase política, no queda más opción que la segunda, es decir, ir a votar, pero anulando el voto si es que no hay candidato a diputado local o federal que merezca nuestro sufragio. Hay que presionar a esa clase política que le ha dado la espalda a la ciudadanía y no ve más allá de sus mesquinos y limitados intereses grupales.
Todo esto nos lleva a pensar en la necesidad de hacer profundas reformas a nuestro sistema democrático, como la re-ciudadanización del instituto federal y los institutos estatales; el cambio del sistema electoral de mayoría relativa a mayoría absoluta, la no reelección de legisladores ni autoridades ejecutivas, elección de los jueces y ministros del poder judicial, así como permitir las candidaturas independientes ciudadanas. Establecer procedimientos de rendicioón de cuentas así como construir las vías legales adecuadas para la destitución de aquellos funcionarios, legisladores y jueces que no cumplan adedcuadamente con sus funciones. A ello agregaríamos la necesidad de conformar un partido de izquierda que sea efectivo contrapeso de los conservadores (por diversos motivos) PAN, PRI, PVEM. El PRD ciertamente está muy lejos de representar los intereses de una izquierda que actualmente no tiene espacios de expresión. En ese sentido hace falta también un partido de filosofía política liberal ya que ningún partido en verdad abandera esta posición política fundamental para la democracia y el mantenimiento de las libertades políticas, económicas y socioculturales. De igual manera importante es la reducción de las asignaciones económicas a los partidos políticos y especialmente a las campañas electorales, que también deberían reducir sustancialmente el tiempo de su realización. La brevedad de las campañas ayudaría a un ahorro de recursos económicos y a presionar a los partidos a hacer campañas más sustantivas y propositivas.
Invitamos a nuestros lectores a participar en el proceso electoral en base a su conciencia y a una posición polìtica libremente asumida e informada.
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