Muy recientemente ha reaparecido en el medio político nacional y en los medios de comunicación, el asunto de la reelección. Se propone la reelección de diputados, senadores, asambleístas y presidentes municipales. La propuesta se justifica diciendo que la reeleción es un medio para premiar o castigar el desempeño de legisladores y funcionarios públicos. Se dice que si un funcionario o legislador cumplió con sus deberes, se le debe premiar con la reelección, y si no se le debe castigar no reeligiéndolo en el puesto o curúl que ocupaba. Ciertamente se trata de un argumento demaciado débil y malintencionado. Débil porque si bien es buena la idea de premiar y castigar a legisladores y funcionarios, sólo se debe premiar a quienes han cumplido de manera sobresaliente con sus obligaciones, no hay por qué premiar a quien sencillamente cumplio haciendo lo que era su deber y compromiso. Como bien dice la Biblia, siervo inútil es quien cumple con sus deberes y ya. En cuanto a quienes incumplen, no basta con no reelegirlos, hay que castigarlos con la revocación de mandato, y si existen actos de corrupción y delincuencia hacerles juicios políticos y penales si fuera el caso. Malintencionado. porque en el fondo lo que se busca es mantenerse a toda costa en un puesto o curúl de poder. Y bien sabemos que nuestra clase política está siempre dispuesta a mentir y engañar con tal de mantener sus privilegios y prebendas. No hay garantía alguna que no se tratará de engañar a la ciudadanía con el fin de mantenerse en el puesto. Por eso, no debe permitirse la reelección y debe haber rendición de cuentas periódica abierta a los electores. Malintecionado también, porque de manera indirecta la reeleción ya opera en México, pues, por ejemplo, alguién que fue diputado puede ser elegido después senador, y un senador puede aspirar después a ser presidente nunicipal o gobernador, etc.
La rendición de cuentas debe ser durante el periódo de gestión del legislador o funcionario. Un diputado, asambleísta y senador, debiese dar informes por lo menos anuales de su trabajo de cara a la ciudadanía que lo eligió, y de no hacerlo o de resultar que los resultados son inadecuados se le debe separar de su puesto y ser sustituído. No hay por qué esperar a final de su periódo para calificar su labor .
Lo que si se debe hacer en lugar de la reelección, es aumentar la exigencia de la ciudadanía sobre los legisladores y funcionarios públicos.
Vigilar de cerca sus trabajos, exigir explicaciones por su manera de actuar, evaluar permanentemente su desempeño, ejercer los mecanismos de revocación de mandato si fuese necesario, y de haber causas graves, someter a juicio político y penal a dichos legisladores y funcionarios. Y en el caso de presidentes municipales, gobernadores y presidente de la República, además e la revocación de mandato, se debe aplicar el esquema de elecciones adelantadas.
Como ciudadanos debemos estar vigilantes de los politicos y aplicarles un esquema de TOLERANCIA CERO, sino seguiremos viendo las mismas desfachateces, corruptelas y demás vicios de la clase política nacional.
Finalmente, no debemos olvidar nunca que hace casì 100 años, un millón de mexicanos murio en la Revolución Mexicana, cuya consigna fundamental, además de otras muchas demandas sociales fue: SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCION. La memoria de esos cientos de miles de mexicanos que murieron por esa noble causa, merece ser honrada hoy negandonos rotundamente a que una clase política podrida se reelija; que no nos engañen una vez más.
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