El trunfo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) esta confirmado. El PRI se convierte en la primera fuerza en la Càmara de Diputados y recobra las gubernaturas de San Luis Potosí, Queretaro y Nuevo León, así como muchas alcaldías a lo largo y ancho del país. Con este triunfo, el tricolor recibe la oportunidad de volver a dirigir los destinos del país, pero ahora debe hacerlo desde una nueva perspectiva que deje atrás el pesado lastre de un pasado no muy digno de ser recordado y menos aun aplaudido. Es la hora en que el PRI debe asumir claramente una definición política que lo deslinde del proyecto neoliberal de Carlos Salinas de Gortari y Zedillo, incluyendo al decrépito Miguel de la Madrid o que confirme que va a seguir por esa línea. De igual manera ha de establecer una posición respecto al vetusto nacionalismo revolucionario. Es también momento de asumir la responsabilidad histórica que el momento actual le exige, debido a los graves problemas nacionales que hay que enfrentar. No es momento de pragmatismos ni oportunismos, sino de una acción política seria, responsable y comprometida con la nación. Más allá de la actitud triunfalista del momento, hay que enfriar la cabeza, y considerar que esta nueva oportunidad que se le ha presentado al tricolor, encierra el grave peligro de aniquilar al partido si falla en la encomienda que la ciudadanìa le ha dado, y que sin exagerar nos parece es el rescate de la nación. Es pues tiempo de definiciones y deslindes claros y de cara a la nación, en el terreno de los hechos más que en el de los discursos. Sólamente se cuenta con tres años para demostrar que el revolucionario institucional puede con el paquete de sacar adelante a la nación. Solo tres años para dar testimonio que las viejas prácticas autoritarias y antidemocráticas se han dejado atrás, que el corporativismo, los compadrazgos y el nepotismo se han tirado a la basura. Sólo ese corto periódo de tiempo para que el PRI de testimonio de que es ya una fuerza política capaz, eficiente, competitiva y no un partido de Estado, cuya meta es regresar al estado comodino y acomodaticio, en que estuvo durante 70 años y del que hizo grosero alarde especialmente en sus últimos años en el poder. Así pues la puerta que se le ha abierto al tricolor, es tanto una oportunidad como un peligro, si se sabe aprovechar poniendo por delante el interés nacional el PRI puede consolidarse de nueva cuenta, pero de fracasar, puede significar, como ya decíamos, no sólo el aniquilamiento del partido sino también la desestabilización del país. A parir e hoy vremos si el PRI es consciente de la situación histórica presente y sus retos y si tiene los tamaños para afrontarlos exitosamente.
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