Vivimos tiempos de severa crisis económica a nivel mundial y local (nacional), y consecuentemente de fuertes criticas al sistema económico capitalista, muchas de elllas más que justificadas. El capitalismo no se las ha podido arreglar para superar sus crisis cíclicas, ni para evitar la concentración y centralización de capital, ni para evitar la pobreza de millones de seres humanos, muchas veces extrema. Y sin duda son enormes deudas que el capitalismo ha sido incapaz de saldar con la sociedad. Quienes critican al capitalismo desde posiciones de izquierda, acusan al liberalismo de ser culpable de la grave situación por la que atravesamos; y en gran parte tienen razón, pero no de manera absoluta. Sí, el liberalismo económico se declara a favor de la libertad de los individuos para que se dediquen a la actividad socioeconómica que más les convenga o guste, siempre y cuando sea licita, y se ha manifetado también en favor en que el gobierno, que no el Estado (aqui hay una confusión), intervenga lo menos posible en la actividad económica, para, como decían los fisiócatas. "dejar hacer, dejar pasar", y que se cumpla el principio de la "mano invisible" a que se refería Adam Smith, es decir, dejar todo a las fuerzas del mercado. Fuerzas, se dice, se equilibrarían por sí mismas, en la libre competencia. Los hechos refutan esos principios teóricos, que algunos economistas, los llamados clásicos y los actuales neoliberales, convirtieron en dogma religioso, en verdad abosulta e incuestionable, negando así la realidad y el liberalismo. Han negado la realidad queriendo que esta funcione de acuerdo a sus esquemas teóricos y abstractos, en lugar de reconocer que los esquemas teóricos en cuanto construcciones intelectuales y simplificadoras de la realidad, son las que se tienen que adaptar precisamente a la realidad. Han negado el liberalismo al creer que el sistema es capaz de autoregularse por sí mismo, sin la intervención del gobierno. Pero aun más, han negado al liberalismo al solapar y hasta justificar la existencia de monopolios y oligopolios que obstruyen precisamente la libre y sana competencia en condiciones equitativas; y obstaculizan la entrada de nuevos competidores en su rama de actividad. De paso han planteado la falsa contraposición entre Estadoo mínimo y Estado intervencionista. Un dilema que es del todo falso. En Estados como el mexicano, o cualquier otro del llamando Tercer Mundo, no se necesita un Estado mínimo o un Estado intervencionista, se necesita un Estado liberal, un Estado que a través de las instituciones de gobierno garantice la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y con ella, la libertad positiva, es ecir, la libertad para actuar dentro de la legalidad en la actvidad que se desee. La intervención de dicho Estado, no se puede limitar a la supervisión y a la vigilancia o la impartición de justicia en caso necesario, sino que debe actuar en aquellos campos en que es prioritario garantizar, la vida, la salud, la seguridad, la educación y cultura, el bienestar de la ciudadanía considerada tanto en términos individuales como colectivos. Si rconocemos que siempre se actua economicamente en condiciones de competencia imperfecta, entonces se debe admitir que el Estado, a través del gobierno y sus órganos intervenga para ajustar y equilibrar aquello que el mercado no puede hacer por sí solo. Y una de esas intervenciones regulatorias es, sin duda, evitar la existencia de monopolios y oligopolios, que, como se ha visto, en el caso de la comunicación, pueden poner en jaque al propio Estado.
En el Estado liberal, la prioridad está en el Individuo, su libertad (pensamiento, opinión, expresión, acción económica o política)y sus derechos, en la igualdad de oportunidades. El liberalismo económico debe atender esas prioridades so pena de negarse a sí mismo. El liberalismo se traiciona a sí mismo cuando absolutiza principios teorico metodológicos y los endiosa e idoliza, porque el liberalismo como filosofía de la vida, reconoce la inexistencia de verdades abosultas y últimas y reconoce que nadie es portador de esas verades finales incuestionables. En términos económicos esto significa que no hay esquema teórico ni enfoque totalizador, ni verdad absoluta alguna.
Por lo que la aplicación de tal o cual principio o política económica debe tomar en cuenta no sólo la teoría liberal, sino también la situación específica concreta en que determinada medida habrá de aplicarse. Y ahí el grado de variancia puede ser muy grande.
No corresponde pues, al pensamiento liberal abosulizar nada, ni proponer verdades incuestionables de ningún tipo, menos aun en el campo económico, siempre tan dinámico y cambiante. Quienes nos dicen que "no hay de otra", como los neoliberales mienten y lo saben, y los liberales sinceros y honestos han de denunciarlos so pena de complicidad. La vida nos enseña que siempre hay más de una opción para todo. Comparemos y elijampos la mejor, la más viable, útil, económica y eficiente.
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