Hay que reconocer que el liberalismo como proyecto político social está inconcluso, que existen un buen número de deudas pendientes por saltar, y que el tiempo actual, apremia para que esos saldos negativos sean pagados. Tal vez la deuda más grande del liberalismo en tanto reivindicación del individuo, sus libertades y derechos, sea que esa meta no se ha logrado sino para un número reducido de seres humanos, aquellos de las capas medias y altas de la sociedad, que han tenido acceso a la educación, la salud y el bienestar, frente a los cuales aun existe una mayoría desposeída y pobre que reclama justamente esas oportunidades reales de acceso al bienestar, el progreso, la salud, la educación, la seguridad social y pública.
Para muchos criticos del liberalismo, el problema radica en que el liberalismo puso demaciada atención a la propiedad privada como mecanismo para acceder a esa igualdad de oportunidades. Y como bien sabemos la gran mayoría de la sociedad no tiene propiedades y menos aun de los medios de producción. En este sentido, le ha faltado al liberalismo imaginación y creatividad para generar mecanismos de acceso a la propiedad, y más aun, para crear nuevas formas de propiedad distintas a las ya conocidas. Se ha desvalorado, por ejemplo, el régimen cooperativo como forma de acceso da la propiedad, más que por razones reales y de peso, por cuestiones ideológicas muy discutibles y cuestionables.
Por otra parte, muchas veces el liberalismo ha servido como aval, indebidamente, para justificar el acaparamiento de la propiedad de los medios de producción ya para limitar la esfera de acción del Estado, asunto al que ya nos hemos referidoa anteriormente.
Y ni que decir, cuando el liberalismo ha servido de escudo para proteger intereses mesquinos y egoístas de una capa prrivilegiada de la sociedad.
El liberalismo en su forma más radical, como reivindicación y defensa del individuo, sus libertades y derechos, y como crítica del orden establecido, no puede seguir siendo pantalla de protección para intereses que se oponen a la libertad humana individual o colectivamente considerada; menos aun puede seguir siendo pretexto para justificar violaciones a los derechos de los individuos y grupos. La actitud liberal critica debe señalar esas arbitrariedades y abusos y deslindarse de ellos. Y como filosofía del hombre debe buscar y proponer alternativas originales, creativas y vaibles, mediante las cuales, la mayoría de la población tenga acceso a la libertad y los bienes materiales, económicos y socioculturales que el progreso ha permitido alcanzar y que no tienen por qué ser patrimonio de unos cuantos.
Luchar contra la antidemocracia, el autoritarismo, los monopolios, el acaparamiento, el absolutismo, el inmovilismo, el injusto reparto de la riqueza material e intelectual, las verdades últimas e incuestionables, es tarea irrenunciable de los liberales hoy y siempre.
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