La Cumbre de los Líderes de los paises de América del Norte, celebrada en la bella Perla Tapatía, la ciudad de Guadalajara, terminó sin mayor pena ni gloria, y en unos días habrá pasado del todo al olvido. Como suele suceder en estos eventos, más hechos para el lucimiento de los mandatarios y el mantenimiento de buenas relaciones internacionales, no se llegó a acuerdo concreto alguno que se traduzca en algún hecho concreto. Salvo el acuerdo más o menos explicito de luchar coordinadamente contra la crisis económica mundial, o el acuerdo de que el Canadá capacite a policias mexicanos para la lucha contra el narcotráfico, verdad sea dicha, México se quedó con las manos vacías, en temas sustantivos como el acuerdo migratorio, el trafico de armas ilegal a nuestro país, la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y otros más de carácter bilateral ya sea con Estados Unidos o el Canadá.
Así que no queda sino esperar que en futuro por demás indeterminado, en otro tipo de reuniones bilaterlales o trilaterales, se pueda llegar acuerdos concretos que se transformen en hechos y en prácticas políticas específicas. Por lo pronto, hubo que conformarse con más de los mismo, sonrisas, palmaditas en la espalda, cenas de gala, las obligadas fotos de poses fingidas y actuadas, y las declaraciones conjuntas que nada dicen y se pierden en el mar de la palabrería hueca y vacía. Una cumbre de ¿líderes? más para el olvido. O como dicen en el pueblo, a otro perro con ese hueso pues en este hueso no hubo nada que roer. Y ojalá para los próximos años se cancelen estos eventos que de nada sirven sino para malgastar los recursos públicos.
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