La libertad no es un estado constante, tampoco un punto final al cual se llega en algún momento dado para permanecer indefinidamente en él. Es, por el contrario, un proceso dinámico que debe ser actualizado y re-actualizado constantemente. Es también una lucha continua contra los obstáculos internos y externos que tienden a limitar y anular la libertad. Quien quiere ser libre ha de tomar en cuenta que no se puede quedar quieto, no puede ser pasivo, ni dormirse en sus laureles, como popularmente se dice, sino que ha de ponerse en movimiento y debe actuar. La libertad debe ser libertad positiva, es decir, libertad que se gana día tras día, a lo largo de la vida.
Querer ser libre es entonces una batalla contra el incosciente y sus pulsiones; una guerra contra los automatismos adquiirdos mediante el condicionamiento; es una contienda contra el moralismo represivo del super yo. Hacia el mundo exterior es un combate contra las condiciones económicas y materiales que nos imponen límites a nuestras oportunidades; contra la cultura que nos prohibe ser y hacer deteminadas cosas; contra la educación que no enseña a ser libres sino todo lo contrario, a callarse y obedecer, a reprimir nuestra originalidad y nuestra creatividad. Contra la política que obstruye nuestos derechos democráticos. Especialmente esa perversa política que pide el sacrificio individual en aras del beneficio colectivo, disfrazando su carácter despótico y autoritario. Y al revés, contra esa forma de ideología que coloca al individuo por sobre la sociedad, de manera absurda e irreal, oigualmente dictatorial.
Luchas por ser libre no es tarea ni fácil ni armónica, sino que más bien es conflictiva, contradictoria, antagónica. Tal vez por ello muchos se rinden y se conforman ante el reto de intentar ser libres. Y aunque son muchos los que han usado a la libertad como pretexto y justificación de sus luchas, realmente han sido pocos los que en verdad han luchado por su propia libertad y la de los demás. Las más de las veces se ha luchado por la propia libertad en detrimento de la libertad de los demás. O sea, la libertad de unos ha significado la opresión de otros. Los grandes istemas económicos de nuestros tiempos, y de la historia en general, ha si lo demuestran; tanto el capitalismo, como el socialismo real, han sido lo mismo en ese sentido.
Finalmente, la religión también ha sido enemiga de la libertad, en la medida en que nos pide renunciar a ella para obedecer ciega y mudamente a Dios, ¿pero que clase de Dios es ese, que nos da libertad y luego nos pide que renunciemos a ella para ganarnos su favor, su perdón y su salvación? Sí Dios es libre, y somos su imagen y semejanza, debemos ser libres también; la libertad es parte de nuestra naturaleza, es nuestra esencia, no sólo un derecho teórico.
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