Grandes cambios para que todo siga igual es lo que propone el presidente Calderón. Es lógico que así sea pués se trata de un proyecto conservador. Los cambos propuestos por el señor Calderón no van más allá de la reafirmación y fortalecimiento del Estado burgués, que por el momento encabeza él. Los cambios que ha propuesto, por otra parte, son demandas que se han venido peleando desde mucho tiempo atrás, algunos desde el siglo XIX, y que hasta la fecha no se han convertido en hechos reales. Por ello, hay que ser realistas, ni por su sentido e intención, ni por un análisis histórico se puede pensar que en los tres años que le restan al sexenio, se podrán implementar tales propuestas. El sentido y la intención detrás de las propuetas no es rebasar a la izquierda por la izquierda, sino más bien, ni rebasar y sí mantenerse a la derecha conservadora y neoconservadora que hoy gobierna al país. Y repetimos, es lógico y coherente que así sea, ya que Felipe Calderón y quienes lo acompañan y lo apoyan en el ejercicio del poder, no desean otra cosa que mantener sus privilegios y sus prevendas, y poco o nada se interesan por lograr una situación de mayor igualdad y equidad social, ni en un mejor reparto de la riqueza, ni en que México se copnvierta en un pais más y mejor educado y menos injusto. Basta, y es más que suficiente, con que las tendencias destructivas y autodestructivas que hoy se enseñorean sobre la sociedad, vuelvan a quedar bajo control del Estado. Que el burgues pueda seguir viviendo en paz, disfrutando de su riqueza y sus privilegios en calma, eso es en realidad el proyecto que Calderón ha presentado a la nación. Nada hay en ese proyecto que signifique un paso hacia adelante, a superar el Estado neoliberal que tanto daño ha hecho a la nación. Nada hay que permita pensar en que se está tratando de construir un Estado Liberal, en donde existan cada vez mayores oportunidades y posibilidades efectivas de desarrollo integral de personas, grupos y comunidades. Donde no haya monopolios ni oligopolios en lo económico, ni un Estado obeso y glotón a la par de corrupto e ineficiente. Mucho menos aun se puede pensar, en la búsqueda de una nueva nueva forma de organización sociopolítica y económica que supera el esquema neoliberal ya claramente superado por la realidad. El México que dejará Calderón seguirá siendo acentuadamente un Estado sumido en la deseperanza, la parálisis moral, el estancamiento económico, la democracia simulada, la corrupción y la violencia, donde el miedo ha entado sus reales. No hay porque esperar otra cosa, la oliarquía no lo permitirá.
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