Desafortunadamente el tiempo nos ha dado la razón, y lo que desde el principio señalamos como un grave error de Andrés Manuel López Obrador se ha cumplido. El tiro salió por la culata, y lo que de manera apresurada se quizó resolver acabó resultando un desastre en el que todos los involucrados han salido perdiendo. El "cuatro" que le pusieron los "chuchos" para sacar a Clara Brugada de la candidatura a la jefaura delegacional de Iztapalapa, funcionó a la perfección gracias a la colaboración ¿desinteresada? del Tribunal electoral que se inclinó en favor de la demanda de los quejosos chuchos. El fallo que supuestamente tardiamente emitieron los ministros en favor de la candidata chuchista, vino a convertirse en una pieza clave del rompecabezas que AMLO no tuvo la capacidad de resolver acertadamente, debido a que sencillamente se dejo llevar por sus emociones, especialmente su ira, frustración y afán de desquite, en lugar de haber mantenido la mente y corazón frios y ecuánimes. Y eso es. sin duda, la gran diferencia entre un buen bgobernante y luchador social y un estadista de altura. Lamento decir que Andrés puede ser un hombre bien intencionado y realmente comprometido con las causas de la mayoría, pero no es un político suficientemente curtido y avezado para ser también un estadista, a la altura de los que las circunstancias requieren actualmente. El desastre es ya inevitable, pierde Iztapalapa, pierde el Frente Amplio Progresista que encabeza el propio AMLO, pierde el Partido de la Revolución Democrática y sus otros dos partidos satélites, pierde Marcelo Ebrard, ,pierde la izquierda mexicana y, pierde lanación toda. Aun si Juanito cumpliera con el pacto establecido en aquel fatídico mítin, el daño ya está hecho, y será muy difícil revertir el daño hecho. Ahora no queda sino aprender de la experiencia y tratar de no cometer errores similares y equivalentes en el futuro inmediato, ya que lo que etá en juego es más que la jefatura de una delegación, o el gobierno de una entidad, sino todo un proyecto de nación, toda una visión del futuro de eta nación. Para Andrés Manuel López Obrador esto significa bajarse del trono de dios en que se ha colocado y que no quiere ver, sólo con prudencia, modestia,humildad, claridad de visión, y con política en el mejor de los sentidos, podrá sacar adelante su proyecto sociopolítico. Por el bien de la patria, tiene que estar a la altura de su programa sociopolítico, pues gane o no la presidencia de la República, tiene una fuerza que bien puede incidir en el rumbo de la nación (para bien o para mal), y eso es innegable.
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