domingo, 27 de septiembre de 2009
Los útlimos acontecimientos en la política nacional yla experiencia cotidiana me han llevado a detectar uno de los problemas capitales de la sociedad mexicana: el temor a confiar en los demás. El caso de juanito y las juanitas, son una expresión de ese temor generalizado que hay en el pueblo mecxicano a confiar en los demás, porque, desafortuanadamente, ese miedo se ve confirmado día tras día. Esto no sucede sólamente en la política o en el mundo finaciero, sucede aun en las cuestiones más elementales de la vida cotidiana. Cuesta mucho encontrar en quién y en qué confiar, tanto, que como bien decía mi padre, los buenos amigos se cuentan con los dedos de la mano, y sobran dedos. Desconozco realmente las causas que originaron esa desconfianza y la consolidaron en la cultura mexicana, pero ciertamente reconozco que la desconfianza, el miedo a ser traicionado está siempre presente en las relaciones humanas. Y este es un gran problema, porque todos necesitamos alguien en quien confiar minimamente, es una necesidad propia de la vida social, de la interacción entre los hombres, cada día má difícil de satisfacer. El miedo a confiar impide, por ejemplo, delegar en otros cierta autoridad, funciones, responsabilidades, etc. El miedo a confiar hace difícil la vida en las empresas, pero la vuelve aún más complicada en los matrimonios y familias. Como ya hemos visto imposibilita la vida política y da lugar a una enorme cantidad de problemas y dificultades en la actividad económica. Por ello, además de las acciones de corte terapéutico, uno de los elementos que los programas educativos y los procesos socializadores debieran contener es fomentar y alentar la recíproca confianza entre unos  y otros seres humanos. Con los animales, las plantas y las maquinas no hay problema, pues no hay en ellas voluntad propia, en el ser humano sí puede haber el deseo y la voluntad de defraudar, traicionar y ser desleales. Y eso es lo que hay intentar cambiar en la medida de lo posible, y por todos los caminos existentes.
No importa cuan grandes y magnificos sean  los proyectos económicos, políticos, socioculturales, educativos, matrimoniales o de cualquier otro tipo, todos, sí, todos están destinados a fracasar si no se es capaz de confiar y de corresponder positivamente a esa confianza. No podrá salirse de la crisis actual, en garn medida sin gente confiable, en la cual se puedan delegar obligaciones y responsabilidades; de igual maera no hay matrimonio que pueda mantenerse en pie, si no hay confianza en la pareja. Igual cosa se puede decir de la educación, no funcionará si quienes son los encargados de impartirla son unos irresponsables que desconocen los que bien tendrían que saber, o sencillamente faltan continuamente a sus clases. 
La confianza es pues un pilar de la estructura social. Y necesitamos alentar su establecimiento y expansión a lo largo y ancho de toda la estructura social. Seguir como estamos no es sino un suicidio colectivo. México necesita ciudadanos confiables, gente de palabra y de honor, gente cumplidora, la clinica, el hospital, la guardería, el equipo deportivo, la empresa de transporte, la escuela, la iglesia, y bueno, hasta la banda de delincuentes necesita de la confianza entre sus miembros.
¿Podremos revertir esa forma de corrupción moral, cuyos efectos prácticos y concretos son tan destructivos para la sociedad y el individuo?      

Tags: Confianza, temor, miedo, corrupción, efectos, destructivos, sociedad

Publicado por pedro_aureo @ 13:43
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