martes, 10 de noviembre de 2009
En nuestra participación anterior nos referíamos al 20o. aniversario de la caída del muro de Berlin, y decíamos que de alguna manera la caída de dicho muro era un recordatorio de los muchos muros que nos quedan por derribar y una motivación y un aliciente para hacerlo. 
Aquí en México hay muchos muros que derribar, no sólo el que se encuentra de pie en la frontera entre nuestro país y los Estados Unidos,  sino también las bardas de la desmemoria, de la intolerancia y las vedades únicas. El día de ayer, el presidente Calderón regañaba severamente al presidente municipal de Garza García, Nuevo León, diciéndole que no debía actuar por encíma de la ley, que es era el primer compromiso adquirido por el gobernante en el momento en que accede al poder. Estamos de acuerdo, salvo por el hecho de que quien regaña es el primer violador de la ley en México. Si, tanto por el hecho de que su triunfo electortal sigue siendo cuestionado, tanto por el hecho de que al mandar al ejercito a combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada, viola la Constitución, pues ordena a las fuerzas armadas llevar a cabo una tareas que están fuera de sus atribuciones legales. Así que poca o nada hay de autoridad moral del presidente de la República para regañar y cuestionar a un presidente municipal. Eso no significa que avalemos lo que el presidente municipal de Garza García quiere hacer, sino que no se le puede prohibir a una autoridad legalmente electa que no haga lo que otra autoridad si se da el derecho de hacer  por encima de la ley. Hasta donde sabemos, el presidente Calderón no ha mandado iniciativa alguna al Congreso para reformar el o los artículos correspondientes a las actividades que las fuerzas armadas pueden llevar a cabo. así que justo en este momento, el ejercito actúa fuera de la ley y ciertamente no es su responsabilidad, sino la del titular de la presidencia del poder ejecutivo. El presidente Calderón debería cuidarse más de no hacer declaraciones aventuradas, y menos aun de regañar a otros, cuando él mismo no cumple con la ley.  Si las policias son insuficientes e incapaces y no queda otro remedio que las fuerzas armadas intervengan, y dicha intervención implica violar la ley, entonces lo que queda es plantear una iniciativa de cambio a la ley que redefina las atribuciones del ejercito y la armada. La lección es muy sencilla de aprender y entender: No le pidamos a otro que no haga lo que nosotros si hacemos prácticamente con la misma justificación. Solo así podemos derrumbar el gran muro de la ilegalidad que hoy nos impide alcanzar el estado de derecho tan cacareado.

Tags: Ejercito, armada, combate, narcotrafico, delincuencia, Constitución, ley

Publicado por pedro_aureo @ 19:02
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