La desaparición de Diego Fernández de Cevallos hace ya prácticamente siete días, sin que se tenga noticia alguna de su paradero y estado de salud, nos ha dado un espacio de tiempo para que las diversas fuerzas sociales y políticas se manifiesten respecto al trágico suceso. Entre las cosas que han quedado hoy claramente definidas, es que México se encuentra hoy muy lejos del ideal liberal de la libertad de pensamiento, opinión, expresión y difusión. Televisa ha sido en ese sentido el claro ejemplo de una "empresa" antidemocrática y antiliberal, que opera en contra de los derechos humanos y las libertades civiles, por sus prácticas de carácter monopólicas y, casí feudales. Pero si esto ya es suficientemente negativo, más lo es que los poderes del estado de Querétaro se manifiesten en el mismo sentido de la autocensura. El propio Parido Acción Nacional a actuado también en el mismo tenor, pretextando una petición de la familia Fernández de Cevallos. Nunca el ocultamiento de la información ha ayudado a que un asunto se resuelva, menos aún, cuando se trata de una custión tan delicada como la "desaparición" del Jefe Diego en su estado natal. No se trata solamente del derecho teórico de la opinión pública a estar informada, sino que ese derecho debe operar en la práctica. Pretender que se proteje la vida del Jefe Diego autocensurándose no es sino la manifestación del pánico de aquellos que de alguna meneara están involucrados con el licenciado Fernández de Cevallos y sus negocios.
Y bien dice la sabiduría popular que no hay más mal consejero que el miedo. Y es ese miedo el que parece dirigir la conducta de aquellos que temen por sus vidas o por la pérdida de su patrimonio, o por la exposición a la opinión pública, de los turbios negocios que manejaban en contubernio con el controvertido Jefe Diego. Entre más información se haga pública más posibilidades hay de que se rescate con vida a Fernández de Cevallos. Pues sólo una sociedad bien informada puede colaborar con las autoridades para la localización y rescate de este singular y controvertido personaje de la vida económica y política de nuestro país. Sólo una sociedad bien informada puede progresar, no es pues ocultando o tergiversando la información como se puede avanzar en este caso o cualquier otro. En el caso que nos ocupa, el silencio y la autocensura no son signos de prudencia o responsabilidad, sino algo muy diferente: el miedo, la corrupción, el afán de ocultar la verdad con el dedo índice del fascismo y el autoritarismo.
El caso de Fernández de Cevallos es la gran oportunidad de dar el salto hacia a delante para seguir construyendo una sociedad más abierta, libre y democrática, ojalá así lo entendiera Televisa, los gobernantes del estado de Querétaro, el PAN y los sectores unltraconservadores y neoconservadores de nuestra sociedad, que se empeñan en poner una losa de silencio y censura sobre el caso.
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