Martes, 17 de noviembre de 2009
Cada vez se hace más evidente el hecho de que si México quiere avanzar en el camino del progreso, necesita de un gobierno de corte progresista. Como ya había sucedido antes, desde el siglo XIX, cuando los conservadores han gobernado, las injusticias, las desigualdades de todo tipo, el  mantenimiento de privilegios han sido los ejes de sus políticas de gobierno. Hoy eso es tan evidente como lo fue en los dos siglos pasados. Por ello una vez máa se hace necesario que las riendas del gobierno sean tomadas por el ala izquierda de la sociedad. Ya no se trata de implantar un gobierno de corte socialista o comunista, sino sencillamente de atemperar los ya muchos excesos de sus contrapartes conservadoras. Esas que desde Miguel de la Madrid hasta Felipe Calderón se hicieron del poder para imponer un proyecto neoconservador y neoliberal-tecnocrático, cuyos resultados estamos hoy verdaderamente sufriendo, aun muchos de aquellos que eran simpatizantes de esa línea ideología y de acción política.
Hoy es necesario recuperar el rumbo del desarrollo y del crecimiento, peo no para unos cuantos privilegiados, sino para la mayoría de la sociedad. Hay que extender la educación a todos aquellos que carecen de ella, hay que generar empleos, hay que pagar buenos salarios, hay que fomentar el consumo, hay que mejorar los servicios de seguridad social; llevar la salud a toda partes. Construir más y mejor infraestructura, en fin, todas aquellas cosas necesarias para una vida digna personal y una convivencia social pacífica. Por cierto que si bien no todo es responsabilidad del gobierno en sus diversas instancias, éste, por medio de la educación, de una educación adecuada a nuestra realidad presente, a nuetros objetivos, pero también considerando sus carencias y limitaciones, puede hacer mucho en favor de un proyecto político, económico y sociocultural progresista, que, dicho sea brevemente, pero con contundencia, es una urgencia nacional.
A la izquierda progresista y todos sus simpatizantes, corresponde desde muy diversas trincheras y espacios sociales. establecer los vínculos que permitan que la libertad y la democracia, dejen ser figuras decorativas y pantallas detrás de las cuales se escondan las miserias socialeles, económicas y políticas que sufrimos, y que se relacionen estrechamente con el progreso moral, intelectual y material de la población. De no ser así, se corre el peligro de que la sociedad harta y enojada desheche la libertad y la democracia, porque ambas acabaron idnentificándose con la pobreza, las carencias, la corupción, el maltrato, en lugar de con el bienestar y el progreso. Eso sería un verdadero retroceso imperdonable en este siglo XXI (doscientos años despues de la indpendencia y cien de la revolución), en el que muchos de nuestros problemas ya debían haberse resuelto. No planteamos aquí el exterminio de ninguna posición ideológica. La democracia y la libertad se fincan en la multiplicidad de filosofías e ideologías, pero deben saber convivir en un ambiente de tolerancia, respeto y diálogo constructivo. Si nadie tiene la verdad absoluta, no hay razón válida para acallar las voces críticas y disidentes, todos deben poder decir lo que piensan , tampoco nadie tiene la mentira absoluta.Rescatemos la poca o mucha verdad que haya en cada posición ideológica y sumemosla a la experiencia histórica adquirida a lo largo de doscientos años de vida independiente, para bien de nuestra nación y su sociedad.
     

Tags: gobierno, progreso, progresista, bienestar, libertad, deoccracia

Publicado por pedro_aureo @ 9:38
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