Jueves, 04 de febrero de 2010
El día d ayer se comentó en un programa de análisis político que una encuesta recientemente hecha en el país, había arrojado como resultado que más del 56% de los mexicanos estaban descontentos con lo que México es hoy; un porcentaje de más del 30% dijo que le gustaría que México fuera como los Estados Unidos; otros tantos opinaron en favor de Canadá y otos países europeos. Sólo un porcentaje muy bajo pareció estar contento con la nación. Si bien pueda parecer esto un asunto superfluo, nos dice mucho respecto a uno de los problemás que ha venido arrastrando México desde su independencia: la falta de una identidad que nos de unidad interna y nos diferencie de las demás naciones. Este es un atarea que está aun por llevarse a cabo, pese al periódo en que el nacionalismo revolucionario y el movimiento cultural que lo acompañó se esforzaron por definir que era lo mexicano. Hoy, ante un claro retroceso en ese sentido, ya anticipado por Guillermo Bonfil Batalla o por Nestor Gracía Canclini entre muchos otros, hay que pensar a México para decidir que país queremos tener. Lo que no podemos seguir haciendo, es mantener un estado de cosas en las autoridades encargadas de la cultura y la educación se hacen de la vista gorda, dejando que cada día más se deteriore la maltrecha identidad nacional. Por las circunstancias tan adversas por las que atravesamos, es justamente el momento de planear una estrategia que se avoque a la constitución de esa identidad nacional mínima necesaria para que el país siga en pie. A eso debe convocarse al medio artístico y cultural, a la clase política, a la iniciativa privada, a la ciudadanía en general. Es un atarea tan relevante como las reformas política y económicas pero mucho más de fondo, más trascendente pues atañe al, por así llamarla, alma nacional. La política y la economía cambian con facilidad, pero la identidad nacional es algo que perdurará por muchas generaciones y le dará sentido a la existencia de millones de seres humanos. 
Pra lograr este fin, hay pues que considerar a México en conjunto, como una totalidad, con una enorme variedad interna de razas, culturas, leguas, artes, etc. por la que tenemos que estar más bien agradecidos ya que de ahí podemos abrevar múltiples elementos para la construcción de la identidad mexicana.   Pero no es una tarea para dejar para depués, es algo que hay que hacer ahora, en los próximos meses y años. Las reformas políticas y económica que hoya tanto preocupan a la reducida clase política y a los todavía más reducidos círculos financieros y empresariales, están destinadas al más rotundo de los fracasos, si no se atiende la cuestión cultural y la educación. 
Y esa cultura y esa educación también pueden resultar en tremenda decepción si no se considera como elementos integrantes de ellas, una talante ético y el aspecto afectivo. Solo los que tienen el corazón endurecido como una roca o los que descaradamente obran de mala fe pueden considerar que el amor a la patria es algo ya caduco, obsoleto y cursi.  A este país hay que amarlo más allá de las fiestas patrias, o la nostalgia por lo perdido. México, creo que sigue siendo una nación viable, pero no se puede seguir cometiendo error tras error en su administración y gobierno, así como no se puede seguir pensando con alto grado de miopía, que la economía lo va a resolver todo a través del mercado o la salud macroeconómica. O por medio de la democracia formal. Se necesita tanto del alimento para el cuerpo, como el alimento para el espíritu.

Tags: encuesta, descontento, identidad, cultura, política, economía

Publicado por pedro_aureo @ 21:38
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