S?bado, 13 de febrero de 2010
Como era de esperarse la Arquidiósesis de México, calificó como un acto de intolerancia el cambio aprobado al artículo 40 de nuestra Constitución Política en el que se eleva a rango constitucional el carácter laico del Estado Méxicano. La Arquidiósesis argumento en favor de su postura que mucha gente confunde Estado laico con una actitud irracionalmente antirreligiosa y anticlerical, mediante la cual se pretende someter a la Iglesia y acotar su libertad y el ejercicio de su misión evangelizadora y social. Por medio de su vocero Juventino Castro se afirmó que de consolidarse la reforma al Artículo 40 de nuestra Carta Magna, se atentaría contra los derechos humanos de los creyentes y ministros de culto, ya que se acotarían la libertad religiosa de los ciudadanos, el libre credo y la libertad de expresión. Lo que la Arquidiósesis y su vocero olvidan decir en su expresión de protesta, son las muchas veces en que el clero católico ha ejercido presiones políticas, como es el caso de las legislaciones respecto al aborto, con el fin de limitar el derecho al mismo y aun castigar a las mujeres que por cualquier motivo decidan hacerlo; igualmente se olvidan de mencionar que cuando hablan de libertad de credo y de expresión se refieren única y exclusivamente a la propia Iglesia católica, dejando de lado a las otras Iglesias cristianas y no cristianas que también existen en nuestro país. Y más delicado aún, se olvidan mencionar que la Iglesia católica obedece a los mandatos del Papa que es el jefe de la Iglesia en términos doctrinales, sino también el monarca de una nación extranjera, como es el Estado Vaticano. De ahí que, a diferencia de otras Iglesias de corte democrático y congregacional que son autónomas y no tiene más jefe que la propia congregación, en el caso de la Iglesia católica nos encontramos con una Iglesia que es un Estado monárquico extranjero, bastante vertical, centralizado y autoritario en muchos casos. Ante esta realidad es necesario que la patria, evite por completo cualquier relación intervencionista posible de parte del Estado Vaticano salvo una buena y amistosa relación diplomática formal. En el ámbito doméstico esto significa que las tareas de la Iglesia no se mezclen ni intervengan en la vida civil, política o castrense del Estado mexicano. Suficiente tarea tiene ya la Iglesia católica con corregir los errores y subsanar las ineficiencias y la incapacidad que han mostrado para dotar de una moral y una ética a la sociedad mexicana, como para andar inmiscuyéndose en asuntos que no son de su incumbencia. La tarea de la Iglesia, salvar almas para la vida eterna, puede llevarse perfectamente a cabo sin invadir territorios que le son extraños a la Iglesia. Y mucho le agradeceríamos a la Iglesia católica se ocupara de lo suyo para bien de los creyentes y de la sociedad general. Finalmente, es muy importante que los medios para llevar a cabo su tarea deben de ser la persuación, el convencimiento, la motivación para la conversión, pero no debe creer que tiene derecho alguno para convertir en leyes y normas jurídicas sus principios y normas morales, que pueden o no ser compartidas por las demás Iglesias y la sociedad secular. Si la Iglesia católica no logra convencer, la vía de forzar a la obligatoriedad del cumplimiento de una ley or eglamento no es la opción correcta, sino revisar y corregir sus planteamientos y métodos para entonces sí invitar, convencer y convertir. Y esto debe ser así, porque la pertenencia a la Iglesia católica, como a cualquier otra Iglesia, es algo libre y voluntario, es un derecho y una prerrogativa de cada ciudadano y no puede ni debe ser forzada. Jesucristo no forzó a nadie a que creyera en él y su palabra, la Iglesia católica no tiene por qué intentar hacerlo y menos aun por la fuerza de la norma jurídica y el castigo judicial. Esa si es una violación a los derechos humanos.   

Tags: Estado, Iglesia, Religión, protesta

Publicado por pedro_aureo @ 11:55
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios