Jueves, 18 de marzo de 2010
Uno de los llamados más constantes del presidente Felipe Calderón ha sido la ivitación a que el empresariado extranjero venga a invertir a nuestro país. Lllama la atención que el presidente Calderón no haga el misma llamado a los empresarios nacionales, ni lo haga con la misma intensidad. Probablemente sean dos los motivos de esta situación: por una parte la mentalidad colonial que sigue prevaleciendo en las clases dirigentes de México, que siguen pensando que los extranjeros van a venir a salvar a la patria con sus inversiones y trabajo, lo cual se ha demostrado no es cierto Y;`por la otra, la idea de que el empresariado mexicano es, en  general, bastante parásito, incapaz de la más leve demostración de imaginación y creatividad, temerosos de dar el paso adelante, sobre todo si de lo que se trata es de hacer algo diferente e innovador; convencido de que debe jugar a la segura, con aquello que en otras latitudes y mercados ya funcionó. Si ambas cosas son ciertas en laguna medida, es entonces entendible el atraso y el estancamiento en que se encuentra la economía nacional y con él el desarrollo científico y tecnológico. 
Mientras persista esa mentalidad colonial, ese malinchismo, que hace creer a los mexicanos que lo extranjero siempre es mejor, de calidad superior, de mayor confiabilidad, y mientras sigamos desconfiando de nosotros mismos, creyéndonos incapaces de hacer algo bien, estamos destinados  al fracaso como Estado, como nación y como sociedad. Y no es ese el panorama más esperanzador ciertamente.
¿Qué se necesita? una clase empresarial fuerte, creativa, propositiva, más liberal en todos sentidos, más capaz de arriesgar pero sobre todo más patriótica y nacionalista. Y no quiero decir con ello sobreprotegida y apapachada por el Estado. Sino una clase empresarial que sea activa y competitiva, desee crecer junto con el resto de la sociedad.
Hay que dejar de lado la mentalidad caciquíl y feudal que convierte a las empresas en verdaderos feudos en los que priva el autoritarismo, la irracionalidad, la falta de respeto a los trabajadores y a las leyes laborales, para tener empresarios que hagan negocios con pleno respeto a sus socios, empleados, proveedores y clientes. Que cuíden el medio ambiente, que se preocupen por la calidad de sus productos y servicios. Empresarios responsables que no salgan con la tontería de decir que no suben salarios porque es un factor inflacionario, anteponiendo el valor de lo material y económico a lo humano. Sobreponiendo su egoísmo y mezquindad a la solidaridad y corresponsabilidad para con la sociedad en cuyo seno desarrollan sus actividades.
Al Estado corresponde crear esas condiciones apropiadas para que los negocios florezcan, crezcan y se desarrollen, en el marco de leyes justas y equitativas. Desafortunadamente el Estado a través del gobierno se ha convertido en un depredador más de aquellos empresarios y trabajadores que tiene cautivos, cobra mucho a muy pocos y presta pésimos servicios, además de mantener una burocracia todavía excesiva, desmotivada y apática y peor aún , corrupta.
Si una reforma económica ha de hacerse, esta debe ir encaminada, si se quiere seguir siendo un país capitalista, en el sentido de abandonar ese esquema de economía colonial para entrar en una situación de economía capitalista real. Auque aquí agregaremos que el nuevo esquema económico debiera tener un muy fuerte sentido social e incluyente, que permita la libre concurrencia en la vida económica de quien así lo desee y necesite. Tampoco puede seguir siendo México un país donde las actividades económicas están concentradas en un pequeño grupo de empresarios feudales que lo monopolizan todo en detrimento de la mayoría de la población. El estado ha fallado estrepitosamente en la defensa de la libre competencia y en el combate a los monopolios, y eso, en una economía capitalista es inaceptable. Finalmente tampoco puede ser una nación en donde la economía esté en manos de extranjeros; sí a la inversión extranjera, pero sólo como complementaria a la inversión nacional. Sí a la exportación de productos a otras naciones, pero la atención prioritaria debe ser al mercado interno; sí a exportar hcia los Estados Unidos, pero no en la despreoporción en que hoy sucede. La mirada debe ver hacia Latinoamérica, hacia otras partes dl mundo, de tal manera de no estar tan estrechamente vinculados a una sola nación y depender tanto de ella. Sin embargo, nada de esro es posible mientras sigamos teniendo una clase empresarial cobarde y amedrentada, sin imaginación ni creatividad alguna. Se entiende que uno de los factores determinantes del buen empresario es su capacidad creativa, que se debe sumar a su capacidad emprendedora, y a su capacidad como dirigente y administrador. México no requiere de empresarios dedicados a ser sucursales de las trasnacionales, copistas o imitadores, sino gente capaz en lo que les compete, ser empresarios. 
 

Tags: empresarios, Estado, gobierno, inversión, negocios

Publicado por pedro_aureo @ 10:29
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios