Viernes, 16 de abril de 2010
Desde tiempos muy antiguos, los liberales han pugnado por el estado mínimo, es decir, un estado que siguiendo el principio del "dejar hacer, dejar pasar" acuñado por los fisiócratas, interviniera lo menos posible en cuestiones económicas. Ese principio se generó a a partir de hacer una analogía de la sociedad y el cuerpo humano. Se identificaba al sistema circulatorio con la economía y se proponía que así como para que viva el organismo, la sangre debe recorrer sin obstáculo toda la red de venas y arterias, así en la sociedad los bienes y servicios debían llegar a toda la sociedad sin obstáculos que limitasen u impidan su circulación.  Los fisiócratas primero, Adam Smith después y los neoliberales olvidaron que la sangre no fluye por el organismo sin control alguno, sino que es ele cerebro el que controla los latidos del corazón que a su vez bombea la sangre para que circule por las venas y arterias. Ese olvido, no se si voluntario  o involuntario, dio pie a considerar que no debía haber un agente en la sociedad capaz de controlar el flujo circulatorio de productos, bienes y servicios. Se trata de un error de grandes dimensiones y trascendencia, que ha llevado a los liberales a considerar que el papel del Estado en materia económica debe ser mínimo, y que en consecuencia, las dimensiones del Estado deben ser reducidas. Los liberales han confundido Estado con gobierno. El Estado no puede ni debe ser mínimo, si por él entendemos la suma de la sociedad civil, la sociedad política incluyendo al gobierno), el territorio y la cultura. Lo que podría y debía reducirse sería al aparato gubernamental, pero sólo en la medida en que su adelgazamiento produjera eficiencia y eficacia, sólo en la medida en que no resultara un aparato excedido en tu tamaño y lento y pesado en su accionar. Así como el organismo requiere del cerebro para controlar su funcionamiento, la sociedad necesita del gobierno, especialmente en los asuntos de carácter social y público, en los que los procesos económicos se incluyen. Desafortunadamente, muchos liberales, en abierta contradicción con la razón, han convertido ciertos principios liberales, como el arriba comentado, en verades de fe religiosa, atemporales y ahistóricas. Han pasado por alto, que cualquier principio filosófico y teórico debe estar en constante diálogo con la realidad, y debe conformarse respecto a ella. No es la realidad la que debe adecuarse al modelo, sino éste último a a la realidad. Parte de la debacle que hoy padecemos obedece sin duda a la dogmatización de los principios liberales y a la creencia absurda y anticientífica, de que la realidad debe encajar en un modelo de sociedad, política o economía diseñado en lagún despacho u oficina gubernamental. La realidad va primero y tiene la prioridad, porque los modelos teóricos son construcciones teóricas, abstractas y simplificadas de la realidad que se desea cambiar. Para que las ideas liberales, como las socialistas o las comunistas, puedan dar frutos positivos tienen que ser confrontadas con la realidad compleja y cambiante de las sociedades humanas. La ideas liberales no están sobre la realidad, ni son verdades eternas, ni principios universales, por lo tanto deben ser confrontadas con la realidad histórico social, para que como decíamos antes, rindan frutos positivos. John Stuart Mill dío cuenta de la relatividad de la Verdad y del hecho de que nadie posee la verdad final y absoluta. Los liberales de hoy no debemos olvidar no menospreciar ese dato, ni el llamado a una actitud crítica fundamentada en la razón, pues sólo así es posible el progreso y la mejora tanto de los individuos como de la sociedad. En un país como el nuestro, los hechos han demostrado que el "estado mínimo" no es funcional para la sociedad, acaso sólo para un pequeño grupo de archimillonarios que no superan el 1% del total de la población. Lo que necesitamos es un Estado en buena forma, eficiente y eficaz, capaz de responder a los graves problemas de nuestra sociedad, con todos los recursos humanos, técnicos y materiales necesarios para el cumplimiento de sus funciones.  Un Estado que proteja la libertad de individuos y colectividades, y promueva su iniciativa en todos los ámbitos de la vida económica, política y social.   Que cree la igualdad de portunidades (Chances), qué eduque para la libertad y el autogobierno responsable, que fomente la creatividad y la originalidad individual y colectiva. Asi que ni gobierno mínimo, ni gobierno débil, sino gobierno liberal.

Tags: estado, liberales, liberalismo, gobierno

Publicado por pedro_aureo @ 11:01
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