Lunes, 10 de mayo de 2010
Uno de los principales problemas que enfrentan hoy las distintas filososfías políticas y teorías sociales, es el de haber caído en una actitud dogmática; el creer que son poseedoras de la verdad última y absoluta y, por lo tanto en descalificar todo lo que no se corresponda a su manera de pensar y a hacer a un lado aquello que resulte incómodo a su lógica, a sus principios y valores. Pero tal vez el más grave de los problemas no se  a intolerancia hacia otras posturas, a otras formas de pensar, sino su creciente alejamiento de la realidad. Sí, todo pareciera indicar que el miedo y la soberbia a ver cuestionados sus dogmas, hace que cada escuela de pensamiento se encierre en sí misma y se vuelva ciega, sorda y muda, ante una realidad siempre dinámica y cambiante. Esto lo  hemos podido ver tanto en las posturas de derecha o izquierda, en las distintas escuelas filosóficas, en el pensamiento socialista, comunista y fascista, en el neoliberalismo y aun en el propio liberalismo. En el colmo del absurdo, se ha querido meter la realidad en la teoría y no como corresponde, adaptar la teoría a la realidad, sea esta política, económica, social o cultural. El resultado ha sido catastrófico, ha sido la esterilidad del pensamiento filosófico, político, social y económico. Un pensamiento que nace ya moribundo pues está por completo alejado de las circunstancias económicas, materiales, políticas y sociales en que vive,y actua la gente. Un pensamiento que puede precer muy docto, propio de iluminados, pero incapaz de responder a las necesidades y demandas que impone la vida cotidiana, los procesos históricos, la vida real en general. 
Si algo dió validez (y todavía hoy lo hace) al liberalismo como filosofía, fue el hecho de haber cuestionado la existencia de verdades absolutas y de grupos políticos y religiosos, o de cualquier otra índole, que los poseyera de manera exclusiva. El liberalismo se opuso de manera tajante a toda monopolización de la verdad, del conocimiento, de la propiedad, de la industria y el comercio. También s eopuso al absolutismo en cualquiera de sus formas. Y en eso radica gran parte de su valor pasado y presente. Desafortunadamente muchos liberales se han olvidado de ese elemento clave de su filosofía que es la critica y la autocrítica, sobre todo cuando se ejercen en función de una lectura cuidadosa de la realidad existente. Si el liberalismo aspira en verdad en ser una opción progresista, que busque la satisfacción y la felicidad humanas, tiene que ser capaz de revisar, cuestionar, criticar y reformar sus principios a la luz de las circunstancias políticas, económicas y socioculturales del momento histórico. Si realmente se quiere lograr consolidar un régimen político democrático, o un sistema económico más abierto, y equitativo, que de más libertad y genere igualdad de condiciones y oportunidades a individuos o grupos, el liberalismo tiene que cuestionar a fondo sus principios y sus fundamentos. El liberalismo más que cualquier otra filosofía o teoría del individuo y la sociedad, está obligado a ese cuestionamiento constante y permanente de sí mismo. No sólo por el hecho de que la realidad cambia y se transforma de muy diversas maneras, sino porque el liberalismo debe hacer grandes esfuerzos por mantenerse al día y con elementos filosóficos que aportar para el beneficio de la humanidad. En ese sentido el pensamiento neoliberal ha sido un gran ejemplo de lo que el liberalismo no debe ser. El liberalismo no puede ni debe claudicar ante el ilusoriocanto de las sirenas, de las riquezas materiales o del poder político.El liberalismo no puede acabar adormilado en una hamaca mientras el mundo parece, como un cangrejo, caminar hacia atrás, en retroceso. Mal que bien, gracias al liberalismo, hoy, en muchas partes del mundo, muchos sectores sociales han alcanzado su emancipación, y han logrado mucha más libertad de la que podía haber imaginado en la época del esclavismo ó la edad media. L a vocación del liberalismo es la mayor libertad humana posible, pero está ya no se puede limitar solamente al individuo considerado aisladamente, ni puede ser concebida parcialmente, es decir, sólo económica y no política, ó solo política pero no sociocultural, etc.
El liberalismo debe buscar activamente la mayor libertrad posible para el ser humano, sin las limitaciones irracionales y abusivas de los sitemas educativos, económicos y políticos.  El liberalismo debe luchar también porque la persona, tanto como las colectividades y grupos usen esa libertad de manera responsable y sensata. El liberalismo debe esforzarse porque cada vez más individuos sean libres no sólo en términos teóricos sino de manera práctica y efectiva. La libertad de cada individuo debe suponer la libertad del otro necesariamente, no se puede fincar la libertad de unos cuantos en el sometimiento de la mayoría, no se puede fundar la riqueza de unos pocos, en la pobreza de millones. No se puede acapara la propiedad en el despojo de los bienes de la mayoría. En eso el liberalismo tiene aun una deuda enorme para con la humanidad. El liberalismo, entonces, no puede ser una filosofía sustentadora del statu quo, sino una critica permanente del mismo, y a la vez, una filosofía propositiva progresista. Por ello lo pero que le puede suceder, y de hecho le ha pasado, es dogmatizarse y convertir sus principios filosóficos (siempre sujetos a cuestionamiento y cambio), en dogmas de fe.    

Tags: liberalismo, filosofía, teoría, dogma, realidad, situación

Publicado por pedro_aureo @ 10:49
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