Domingo, 08 de enero de 2012

En una sociedad que se pretende libre, las únicos muros de contención a los abusos y excesos, son el respeto al individuo, la ley (estado de derecho) y la moral. Son valores que como liberales no se pueden dejar de defender y que se deben difundir ampliamente a lo largo y ancho de toda la sociedad, ya que siempre está presente el peligro del autoritarismo y la dictadura, y con ellos del abuso y atropello de las personas y sus legítimos derechos. Otro gran peligro es el dogmatismo que convierte en verdades absolutas y en credo de fe una serie de ideas y principios no siempre racionales, o que aún siéndolo se convierten en verdades incuestionables e inamovibles.  No es, pues, fácil mantener un régimen liberal vigente, sobre todo cuando gran parte de la sociedad no tiene la cultura de la libertad, la tolerancia y la democracia y no entiende sus sentido.   Pero ante los nuevos peligros y realidades contemporáneas, que han sustituído el absolutismo de la Iglesia y el Estado por el nuevo absolutismo de las grandes empresas trasnacionales y organismos tales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, cuya dictadura es tan o más opresiva que la que en su momento tuvieron la Iglesia Católica y el Estado absolutista, los dos grandes enemigos del liberalismo. Hoy hay que defender al individuo y su libertad, de la publicidad engañosa, de la mercadotécnica manipuladora, de las presiones consumistas, de la "competencia" desleal de las grandes empresas de alcance global, que aplastan a las medianas, pequeñas y micro empresas. Hoy hay que liberarse de la visión reduccionista que pretende ver a los seres humanos únicamente como factores de la producción o consumidores. Los liberales tenemos la obligación moral y práctica de defender la libertad del individuo, de su libertad de pensar, opinar y expresar lo que piensa; hay que defender la igualdad de oportunidades y la libre circulación de bienes, mercancías, productos materiales e intelectuales, sin caer en la inocente idea de que el Estado debe desaparecer o ser reducido al mínimo, bajo el supuesto, del todo equívoco, de que los particulares siempre hacen las cosas bien, y el gobierno siempre hace todo mal, eso, es una inocentada. En el Estado nación, debe caber tanto el gobierno como los particulares, pero también debe haber espacio para organismos de carácter social sin fines mercantiles ni de lucro. La sociedad liberal es primordialmente una sociedad de hombres libres, pero también de grupos, asociaciones y organizaciones igualmente libres, capaces de resolver los problemas de la gente y alcanzar sus fines y metas. Para que ellos sea posible se necesita de leyes y de un talante ético adecuados y ante todo, un respeto a la persona que es el punto de partida y de llegada de todo el quehacer humano.  


Publicado por pedro_aureo @ 10:07
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