Lunes, 23 de abril de 2012

La experincia mexicana de los últimos 24 años, ha demostrado que debilitar al Estado por la vía del desmantelamiento del mismo, en favor de los intereses privados, no ha funcionado en beneficio de la sociedad. Vender o cerrar empresas estatales y paraestatales, despedir personal mandándola al paro o al subempleo, o peor aú, al mercado informal, ha generado un crecimiento incontrolable del mercado negro y de la pobreza, con los consecuentes peligros a la estabilidad de la sociedad. Tampoco ha funcionado debido a que la iniciativa privada ha sido incapaz de cubrir aquellos espacios que ha dejado vacíos el Estado, generando con ello, más huecos en el sistema económico. Y cuando esos vacíos han sido llenados lo ha sido por empresas no mexicanas sino extranjeras, con lo que la economía mexicana se ve una vez más golpeada y debilitada. En una situación tal, el Estado debe tener un papel activo primordial como promotor y generador de una economía sana y en crecimiento. Pero además debe preocuparse porque ese crecimiento se transforme en desarollo, es decir, que los beneficios y riquezas adquiridas se redistribuyan equitativamente por todo el edificio social. De poco o nada sirve que las riquezas se acumulen en grandes cantidades pero en pocas manos. Lo que se necesita es reducir la brecha entre ricos y pobres, de tal manera que los menos favorecidos cuenten por lo menos con los recursos necesarios para una vida digna y satisfactoria, en la que no falte techo, ropa, alimento y recuros para la educación, el cuidado de la salud, y cierto ahorro y ocio. Y lograr esto, si bien requiere de un esfuerzo colectivo de la sociedad, requiere de la dirección y coordinación del Estado, a través de programas y políticas públicas, de acción directa del propio Estado y de una normatividad adecuada para las metas que se pretenden alcanzar. La reducción del Estado en México, fundamentada en la ideología neoliberal, no ha conducido sino a un  grave retroceso, al atraso y al estancamiento, y con ellos al descontento social. Todo lo contrario a lo que los tecnóctratas nos vendían a través de la publicidad y otros mecanismos ideológicos.  Lo que nos deja una dura lección que aprender, un país no puede ser gobernado por las ideologías de moda sin más. Toda ideología debe ser contrastada contra la realidad y con la matriz histórico cultural de  la sociedad. A differencia de lo que sostiene el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, no hay recetas únicas aplicables en todo lugar, momento y circunstancia. Cada caso merce su análisis particular y supone hacer las adaptaciones pertinentes  a la particularidad de sus circunstancias.   


Publicado por pedro_aureo @ 12:07
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