Lunes, 25 de febrero de 2013

Una de los problemas más graves de la filosofía liberal es el concepto de hombre que subyace en ella. Hay quienes piensan que ser liberal es ser individualista y con ello, egoísta, mesquino, y casí autista. Es decir, un hombre interesado únicamente en sí mismo y en sus intereses particulares y en nadie ni nada mas. Otros piensan que sí, efectivamente, el liberalismo defiende al individuo, pero no esas actitudes egoístas extremas. Más bien se piensa en que el individuo, si bien debe ser distinguido de los demás, no es ajeno a esos "otros" que conforman la sociedad. Porque es gracias a ellos, que el individuo puede ser el mismo. Y es gracias a esos mismos "otros" que él puede desarrollar, su vocación,  sus capacidades y habilidades como ser humano. Así que cada persona debe ser considerada en ese sentido como un individuo, pero eso no significa aislarlo del medio social en el que le toca vivir. Cada individuo es valioso porque tiene una serie de características físicas, intelectuales y morales particulares que lo diferencian de los demás. Así que desde esa perspectiva, cada individuo tiene algo que aportar a los demás, a la sociedad y a la cultura. Y de eso se trata el liberalismo, que el hombre, haciendo aquello para lo que está capacitado y habilitado coopere y colabore con los demás para construir una mejor sociedad y una más rica cultura. En ese sentido, todos tienen algo que aportar, unos en un sentido y otros en otro; algunos desde el mundo intelectual, otros desde el trabajo manual práctico; el trabajo en el hogar, en la oficina, el taller, o el cubículo, todos son valiosos e importantes y aún más, necesarios. La propiedad más  valiosa de un liberal, no es su dinero, sus posesiones materiales, sus casa, edificios o empresas, sino más bien sus conocimientos, habilidades, capacidades puestas al servicio de los demás. Los primeros son sólo instrumentos, herramientas, maquinaria; los segundos, son realmente las propiedades más valiosas de toda persona y son las que le permiten relacionarse con la sociedad, intercambiar con ella, beneficiarse a la vez que se propicia el bien de esos "otros".

Así pues, el liberalismo se pervierte, cuando el indidualismo degenera en narcisimo, en egoísmo y en mesquindad; cuando las propiedades monetarias y materiales se endiosan y se vuelven más importantes que el propio hombre; cuando el hombre ya no vive para sí, sino para sus propiedades, para las cosas y los objetos. Y ese ess el mal que hoy aqueja al liberalismo y a los liberales. Y esa es la enfermedad que hay que combatir vigorosamente si queremos que el hombre liberal sobreviva en este mundo profundamente materialista, y tenga realmente algo que aportar a la humanidad.


Publicado por pedro_aureo @ 10:24
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