Viernes, 05 de abril de 2013

En la defensa de las libertades señaladas en el artículo anterior, es decir, las libertades de pensamiento, anális, crítica, expresión y difusión, tenemos que considerar que dichas libertades no pueden quedar al arbitrio de grupo alguno, menos aún asus gustos, carprichos o preferencias, sino que dichas libertades deben ejercerse según el principio de libre circulación de las ideas, cualesquiera que estas sean. Para un liberal no puede haber ideas últimas, perfectas, superiores e inalterables. Sabemos ya de la relatividad de ideologías, filosofías, teologías, etc. así como de su historicidad, es decir de su asentamiento en determinado, lugar, tiempo y situación.

De ahí entonces, que un liberal deba tender a una actitud tal, que todas las ideas tengan cabida en el ámbito sociocultural, aun aquellas contrarias a sus principios, aun aquellas que caen en contradicciones y en confrontaciones con otras ideas. Como bien a sostenido el pensamiento filosófico liberal, nadie puede atribuirse el monopolio y la exclusividad de la verdad, como a nadie puede atribuírsele también estar totalmente equivocado. La verdad no existe de manera absoluta y tampoco se presenta de manera integral y monolítica. Más bien hay que buscarla aquí y allá, en el cielo, pero también debajo de las piedras; en los lugares abiertos y luminosos pero también en los lugares oscuros y ocultos, en la marginalidad. Tal vez allá que buscar la verdad en esos espacios alternativos más que en los espacios institucionalizados de la verdad oficial, sea económica, política, religiosa o cultural.

La labor del intelectual liberal es hacer aflorar esas ideas verdaderas -si las encuentra- para dar a la sociedad, a los ciudadanos, al hombre y la mujer común, más elementos para una vida mejor, para más bienestar y prosperidad. Un liberal no puede ni siquiera aferrarse a su propias ideas liberales por buenas que estas sean, su compromiso es con la verdad o lo que más se aproxime a ella, y si eso implica cambiar, tener la flexibilidad de hacerlo. Nada más contrario al liberalismo y la defensa de la libertad de pensamiento, que el aferrarse a un conjunto de ideas, que la verdad sea dicha, son y serán siempre temporales, es decir, pasajeras.

Lo primer que hay que hacer, entonces, es ser profundamente analítico y autocrítico consigo mismo; lo segundo es ser abierto y flexible y analítico con las nuevas ideas, filosofías, ideologías que van surgiendo, lo tercero, es ser creativo. Fácil de decir, difícl de hacer, pero indispensable enun mundo globalizado y cambiante, como nunca antes.


Publicado por pedro_aureo @ 16:15
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios